Todos tus números en una pantalla que se entiende.
Ventas, stock, caja, cobranzas: lo que hoy está repartido en planillas, en el sistema contable y en la cabeza de alguien, junto y actualizado solo. Para mirar a la mañana y saber cómo venís.
Si te pasa alguna de estas, es para vos.
Son ejemplos, no casos: lo que te haríamos según lo que te llega y adónde va.
Una sola verdad, y que se arme sola.
Lee todas, las cruza y te muestra dónde no cuadran en vez de esconderlo.
El resumen llega solo, todas las mañanas.
Ventas de ayer, caja, lo que vence hoy. Por correo o en una pantalla en el local.
Cada uno con lo suyo, vos con el total.
Cada sucursal ve su tablero; vos ves todas juntas y comparadas.
Lo que ya tenés. Si tu sistema no está en la lista, casi seguro que también.
Salís sabiendo si se puede, cuánto sale y cuánto tarda.
Ves cómo anda antes de que quede andando.
Los primeros días lo miramos juntos.
«¿Tengo que cargar datos en otro lado?»
No. El tablero lee de donde ya están. Si algo no está en ningún lado, lo hablamos.
«¿Es Power BI o algo así?»
Puede serlo si ya lo usás. Si no, es una página tuya, sin licencias, que abre en cualquier celular.
«¿Y si los datos están sucios?»
Casi siempre lo están. Parte del trabajo es ordenarlos, y el tablero te muestra qué quedó dudoso en vez de esconderlo.
¿Qué es lo que hacés todos los días a mano?
Contá qué es eso que hacés todos los días a mano. Salís sabiendo si se puede, cuánto sale y en cuánto lo tenés andando. Y si no te conviene, te lo decimos ahí mismo.